jueves, 20 de julio de 2017

EL PATIO DE MI ABUELA...


Esta es una historia de mi niñez, que con tanto cariño guardo en un rincón especial de mi memoria y en la que creo que muchos de vosotros os identificareis al leerla, es cierto que hoy no es ningún documento especial, simplemente es una instantánea de mi padre con una de sus aficiones favoritas, y que sin querer, con el paso del tiempo yo también practico, la lectura y rodeado de tiestos enclavados en esa pared blanca que bien podría recordarnos un patio malagueño o uno de los famosos patios cordobeses.


Mi padre con una de sus aficiones preferidas, y al fondo la cocina que llamaban de verano.

Mi abuela Teo residía en el barrio de las Casas Nuevas en la plaza del Alto de los Leones, desde el año de su inauguración en 1956, con carácter de casas sociales estaban destinadas a familias obreras, la distribución de las mismas era muy similar a las anteriormente inauguradas y que popularmente conocemos como Casas del Paseo, viviendas de doble altura con pocos metros cuadrados y en su parte de atrás un pequeño patio, que hacia la delicia de los residentes.
Mi abuela en un principio llego a tener hasta un trozo de huerta y posteriormente hasta conejeras las cuales eran el sustento de mas de una comida de domingo y canarios y jilgueros que hacían mas confortable la estancia, con ese hilo musical desde bien pronto por la mañana y que hacia que mi abuela estuviera orgullosa de sus pequeños, pero para pájaro yo, que enredaba por todo el corral, como coloquialmente decíamos con las travesuras típicas de un niño pequeño y que después de estar toda la semana en un piso, aquel patio era como mi castillo donde mi madre y mi abuela terminaban sus dominios y imperaba el poder de un pequeño renacuajo, incluso recuerdo algún que otro día haber visto a mi madre utilizar el patio a modo de solárium, ademas otra de las aficiones de mi padre era la de ir a pescar a la Dársena y siendo este acompañado por mi, en cuanto pescaba alguna carpa rápidamente subía hasta casa de mi abuela para depositarlas en un barreño de cinc, el cual me hacia las veces de acuario, aquellos peces nos acompañaban hasta pasado el invierno, cuantas cosas nos prestaba aquel trocito de vivienda...

jueves, 13 de julio de 2017

TRAGEDIA Y PIEDAD PARA LAS RELIGIOSAS...

En el inicio de la Guerra de la Independencia, el 14 de julio de 1808, en las inmediaciones de Medina de Rioseco, en el monte del Moclin, se saldo con la derrota del ejercito español, comandado conjuntamente, por los generales españoles, General Blake y General García Cuesta, frente al Mariscal Bessieres.
La derrota en Rioseco supuso la primera de muchas victorias del ejercito francés, que extendió la batalla por todo el país.

Cromo de los años 60, titulado, la batalla del Rio-Seco
Viñeta  publicitaria perteneciente a la empresa de chocolates Vinay,
marca francesa de chocolates, pertenece al álbum de imágenes de
la historia de Francia, comprado en Potiers a anticuario local.

Pero de lo que hoy vengo a hablaros es de las trifulcas, que las tropas llevaron a cabo en el caserío de Rioseco, y sobre todo en su población, civil y religiosa, ya que las tropas saquearon las casas y los templos y llegaron a pasar hasta a cuchillo a sus habitantes, violando a mujeres también.
Y de estas ultimas y concretamente de la congregación de religiosas de Santa Clara, y de las consecuencias que genero la batalla en la comunidad durante algún tiempo, trata este articulo, y concretamente para ello, tomamos como base de estudio una serie de cartas, que se conservan en el archivo municipal del Ayuntamiento y en el archivo del cenobio, y que nos hacen viajar al Rioseco, asolado por los franceses, en el que cosechas, comida, animales, dinero, muebles y joyas, habían sido pasto de la avaricia de las tropas del General Bessiers.
La primera de ellas esta enviada por la Abadesa del Convento, al Señor Corregidor de la ciudad, en la que desde el respeto y la humildad de su regla, le hace publico, las necesidades, para sostener y dar comida a la comunidad, por ello pide socorro y benevolencia, ya que esta comunidad lleva mas de 6 días, alimentándose a base de sopas, por ello pide piedad y alivio para solventar esta situación.
La segunda de esta serie de 5, esta enviada por el señor Comisario a el Duque de Abrantes, y en la cual se hace la entrega y el transporte de las rejas, para colocar en la nueva casa de la comunidad de religiosas, en el convento de San Juan de Dios.
La tercera carta es enviada por la Abadesa del Convento al Corregidor de esta ciudad, relata que después de haber abandonado su convento y tras su marcha a la nueva ubicación, para el uso de Santa Clara como hospital, ya que el de San Francisco se encuentra lleno de enfermos, solicitan si pueden arrendar la huerta del convento, como de costumbre se viene haciendo, por la necesidad económica de sustento de la congregación.
La cuarta carta esta enviada por el Señor General Boyer a la Abadesa del Convento, Doña María Francisca Carrascal y en ella, nos habla del problema de alojar las tropas y los carros, volviéndose a producir el mismo problema con unos bueyes y los soldados y que haga el favor de permitir su estancia, aunque excuse la serie de desperfectos y destrozos que sus hombres causan en el Cenobio,  y para ello le rogaría que dicho ganado se traslade a otro lado o al prado de San Francisco ya que en mi convento esta destinado para los que mueran en este hospital.
La quinta carta es la respuesta a la cuarta en la que el Comandante de los Dragones Don Julio Boyer, responde a la Abadesa , espresándola, que el ganado que se encerró ayer, en el convento, marchara mañana a Valladolid y que a su marcha, ponga el custodio en la puerta y no abra a nadie, para así no dar mas prejuicio a la propiedad del convento.

Parece que a veces las batallas y los años hacen que las hagamos un poco mas ficticias de lo que fueron y la imaginación de quien las cuenta hacen que estas sean mas épicas y trágicas que lo que en realidad fueron, pero estas cartas a modo de legajos, nos muestran fielmente la realidad de un hechos acontecidos en nuestra tierra...

viernes, 7 de julio de 2017

Carta de Don Ventura...




Como este finde semana, se volverán a repetir, las jornadas " Del mantel al convento", me ha venido a la memoria, que entre todos mis pequeños tesoros, conservo uno, sobre el protagonista de la noche, el escritor y político riosecano, Don Ventura García Escobar, una magnifica carta que conserva todo el sabor de la época que encierra su contenido, ya que esta posee la curiosidad de que la misma se dobla con astucia quedando sellada con un lacre, y haciendo indivisible toda ella en su conjunto.



La carta tiene como curiosidad que la misma es manuscrita y enviada el mismo día por lo que deducimos que la misma es enviada a la misma población, en el frente la misma esta dirigida a Rioseco, Castilla La Vieja, el día 30 de marzo de 1854, el fechador de 1842 en rojo ilegible, con un franqueo de 6 ctos rojo de 1854 edifil nº 24 y buen centraje, y el dorso vuelve a repetir el mismo tampón del frente.



La carta es muy curiosa, nuestro afamado escritor y político, intermedia por Doña Irene, en el próximo juicio que se ha de celebrar, intentando salva guardar la razón de esta, dando su versión de los hechos acontecidos, en definitiva todo lo que sucede alrededor de la vista que tienen abierta y las formas que han de llevarse para ganar el juicio.




La carta se puede leer con bastante facilidad, y en esta ultima parte del manuscrito, se pueden apreciar perfectamente los dobleces de la misma, con el lacre y el roto de la carta por donde se abrió...


Solo invitaros, a que paséis este sábado una jornada diferente, combinando buena gastronomía, con un viaje cultural, acompañados de un personaje desconocido para muchos, pero un autentico romántico de las letras, y que dejo como aquí en mi carta, su firma en varios libros...

Para terminar este viaje en el tiempo, hoy, porque no se por cuanto tiempo podremos seguir contemplándola, podremos finalizar esta jornada, acercándonos a parte de la fachada de lo que fue la casa natal de este ilustre, en la calle que lleva su nombre, y a la que hasta hace no demasiados años, conservaba una de las mejores bodegas de nuestro patrimonio subterráneo.