En Medina de Rioseco, de tanto convivir con los soportales, olvidamos que son un referente emblemático, una suerte arquitectónica singular que cose, casas en calles y plazas y nos recuerda la colosal herencia recibida de otros tiempos pasados, ya que estos nacen de la necesidad de cuando no había electricidad permitiendo trabajar delante de sus talleres y de guarecer a los viejos artesanos en su soportal de la lluvia o del sol. Lo mismo que a los vendedores de productos del campo, a los viejos hortelanos, de los cuales uno de ellos, hoy, nos recuerda el esplendor de aquella Vieja India Chica, cada mañana en un pequeño rincón de la calle Mayor.
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Ramonita todo un emblema de la calle Mayor... Fotografía tomada a finales de los 90 y extraída de una revista de turismo rural de mi colección. |
Y es que Ramonita desde los viejos soportales, vende todos los productos que el desaparecido Luis Ballesteros, con gran esfuerzo y sudor, recolectaba desde su cercana huerta al caño San Sebastián, lechugas, pimientos, calabacínes, tomates, patatas y todo tipo de verduras según la época del año y también las flores que recolectan cada año, para el día de Todos los Santos, coloreando ese viejo rincón de la calle Mayor para rendir memoria a los que un día nos dejaron.
Y desde esa finca llamada Villa Jesusa, Luis hacia el necesario homenaje a sus padres, uno con el nombre de la misma en homenaje a su madre y dos en honrar la memoria de estos, con la fama de sus productos ya que estos eran hortelanos antes que el y le enseñaron el orgullo de este antiguo oficio, incluso recuerdo que mas de un verano, los escolares, visitaban la vieja huerta, en donde Luis explicaba este viejo oficio, a estos futuros consumidores de este particular supermercado.
Y desde esa finca llamada Villa Jesusa, Luis hacia el necesario homenaje a sus padres, uno con el nombre de la misma en homenaje a su madre y dos en honrar la memoria de estos, con la fama de sus productos ya que estos eran hortelanos antes que el y le enseñaron el orgullo de este antiguo oficio, incluso recuerdo que mas de un verano, los escolares, visitaban la vieja huerta, en donde Luis explicaba este viejo oficio, a estos futuros consumidores de este particular supermercado.
Desde estas humildes letras, me gustaría quizás pedir que el trabajo y esfuerzo de estos últimos hortelanos de la calle Mayor quedara plasmado a modo de recuerdo con una placa como homenaje por parte de la Ciudad de los Almirantes, en ese pequeño rincón, a tantos años de servidumbre a esta población que no olvidara nunca la sonrisa de este matrimonio ejemplar...
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