jueves, 16 de marzo de 2017

MANOS DE PASION...


Dentro del perfecto remanso y tranquilidad que producen los muros del Convento de Santa Clara, se produce un pequeño sacrificio, a las labores diarias encomendadas a la Congregación de monjas de clausura que en ella viven, y este es el motivo de mi articulo de esta semana, valgan estas simples letras como homenaje a la servidumbre, de estas perfectas mujeres de Dios a la población de Medina de Rioseco, que si sus oraciones y plegarias fueran pocas aun, nos deleitan con unos fantásticos dulces que hacen la delicia de los mejores paladares celestiales, demostrando que están tocados, por la mano divina del Señor.


Claustro del convento con nuestras monjas en una fotografía de los años 50.


Aunque la clausura de estas monjas sigue siendo rigurosa, y parece que lo que ocurra fuera no puede alterar la tranquilidad diaria, hay una tradición en la ciudad que hace que el discurrir diario se altere y produzca que toda la comunidad cambié sus tareas domesticas para la Semana de Pasión, y es que estas son las encargadas desde que Don Manuel Fuentes (antiguo alcalde de la Ciudad y hermano del Descendimiento), llevara por primera vez, haya por los años 70, la túnica de lienzo blanco a planchar, por esas magnificas manos de las Hermanas, pero, por si esta tarea fuera poca, estas magnificas monjas, aparte del lavado y planchado de las túnicas de las diferentes cofradías de la ciudad, (Costumbre que se convertirá en tradición, siempre que las monjas y sus manos puedan con tan duro trabajo, durante muchos años), y es que año tras año, los riosecanos, a partir de la semana siguiente de Reyes y hasta el Miércoles de Ceniza (Como plazo máximo de entrega), con la túnica al brazo, cruzan el rió Sequillo, hasta el majestuoso convento, a la entrada de la ciudad, para recuperar esta a partir del Domingo de Ramos, con un blanco inmaculado,y un perfecto y meticuloso planchado, que lucirán en la Procesión del Viernes Santo, y si es que por si fuera poco este pequeño sacrificio, estas dedican gran parte del año a la confección de las túnicas de las diferentes cofradías riosecanas, en lienzo blanco, terciopelo morado y negro y paño castellano negro.
Parece una coincidencia pero la historia y los documentos, están para ser rescatados y cotejados en el instante preciso y es que esta comunidad desde sus orígenes siempre estuvo ligada a Rioseco y a su Semana Santa ya que dentro de la Ciudad, y en el Monasterio que mando crear el Almirante, como Panteón Familiar, se forjo la primera gran cofradía, la de la Vera Cruz, que hunde sus cimientos en el cenobio franciscano y la congregación hunde sus raíces en la Regla Franciscana...

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